Crónica de una Indiferencia Anunciada: Violencia Escolar y Autoridades Ausentes
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Crónica de una Indiferencia Anunciada: Violencia Escolar y Autoridades Ausentes

Mayo y lo que va de junio de 2025 en Chile han sido exactamente la pesadilla predecible que las autoridades parecían estar esperando para reaccionar — o eso pensábamos con ingenuidad. Más de 1.500 denuncias por violencia escolar en solo tres meses; una cifra escalofriante que el Ministerio de Educación insiste en disfrazar con un eufemismo burocrático llamado "protocolo reforzado", como si las palabras mágicamente borraran años de negligencia.

22 de mayo: una alumna de 14 años apuntó con una pistola de balines a su profesora en el Colegio Politécnico San José de Curicó exigiendo mejores notas.

4 de junio: un menor de 17 apuñaló a un compañero en Estación Central.

Misma semana: tres encapuchados irrumpieron en un colegio de San Pedro de la Paz y dispararon, dejando tres alumnos heridos. Afortunadamente, sin víctimas mortales… todavía.

Ninguno de estos incidentes son "hechos aislados". Son simplemente la culminación de años permitiendo la erosión total de la disciplina escolar bajo el cómodo disfraz de "más derechos, menos disciplina". Hemos dejado los colegios sin estructura ni autoridad, un terreno fértil para el caos adolescente.

La solución del gobierno es tan creativa como inefectiva: instalar detectores de metales y transformar colegios en cárceles mediáticas con controles penitenciarios. "Mano dura", repiten como robots, olvidando que violencia contenida no es violencia eliminada.

Y aquí una pregunta incómoda: ¿Por qué existen más fondos para comprar scanners y pórticos de metal que para contratar psicólogos? Menos del 40% de los liceos públicos cuentan con estos profesionales esenciales.

La excusa eterna: los derechos humanos malentendidos que prohibieron enseñar límites claros. Regalamos derechos ilimitados a estudiantes y les robamos autoridad a los profesores. Matamos la disciplina con exámenes voluntarios, horarios flexibles, y sanciones nulas. Ahora nos sorprende que los alumnos actúen como gladiadores en el circo en lugar de estudiantes en un aula.

Si seguimos creyendo que este teatro policial de detectores, discursos de "mano dura" y "protocolos" absurdos solucionará algo, solo aumentaremos las víctimas. A menos que reconstruyamos de inmediato comunidad, autoridad y disciplina sin miedo ni complejos, mayo y junio de 2025 serán solo el prólogo de un desastre aún mayor.

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